No sé cuál es.
Todavía no tiene número.
Quizá porque llegó demasiado temprano.
O demasiado tarde.
O porque todavía no decidió quedarse.
La encontré mientras buscaba otra cosa.
Lo cual no ayuda demasiado a identificarla.
Al principio pensé que estaba ordenando.
Después pensé que estaba escribiendo.
Más tarde sospeché que estaba recordando.
Ahora ya no estoy segura.
La vi aparecer entre carpetas viejas, títulos provisionales, blogs improbables y conversaciones que habían empezado hablando de una cosa y terminaron hablando de otra.
Como ocurre con casi todo lo importante.
La Analía sin número no parecía preocupada.
Miraba los archivos dispersos como quien observa un paisaje conocido.
No intentaba clasificarlos.
Ni corregirlos.
Ni justificar su existencia.
Los reconocía.
Nada más.
Como si cada fragmento hubiera estado esperándola.
Una fotografía.
Un collage.
Un rezagado rescatado a último momento.
Una frase encontrada por accidente.
Una emoción escondida detrás de una carcajada.
La mujer despeinada aparecía una vez más.
Sentada frente a una pantalla.
Convencida de que estaba ordenando archivos.
Cuando en realidad estaba reuniendo pedazos de sí misma.
Pero aquella noche ocurrió algo extraño.
Por primera vez no quiso guardar el hallazgo.
Ni archivarlo.
Ni ponerle una etiqueta.
Ni siquiera asignarle un número.
Se limitó a sentarse un rato junto a él.
Como quien acompaña a un visitante inesperado.
Y entonces comprendió algo.
Las cosas que más la habían acompañado en la vida nunca llegaron porque las llamó.
Llegaron porque encontraron una puerta abierta.
Los blogs.
Los garabatos.
Las palabras.
Los rezagados.
Las versiones antiguas de sí misma.
Las nuevas.
Las que todavía no tenían nombre.
Todas habían aparecido de la misma manera.
Sin permiso.
Sin anuncio.
Sin plan.
Como aparecen las cosas que realmente desean quedarse.
Por eso esta entrada no tiene conclusión.
Las conclusiones sirven para cerrar asuntos.
Y este asunto recién empieza.
En alguna parte, una Analía todavía sin número está preparando una carpeta.
Y sospecho que dentro de ella ya hay algo esperándola.






