@2010






entrada huérfana dentro del sistema.


No sé cuál es.

Todavía no tiene número.

Quizá porque llegó demasiado temprano.

O demasiado tarde.

O porque todavía no decidió quedarse.

La encontré mientras buscaba otra cosa.

Lo cual no ayuda demasiado a identificarla.

Al principio pensé que estaba ordenando.

Después pensé que estaba escribiendo.

Más tarde sospeché que estaba recordando.

Ahora ya no estoy segura.

La vi aparecer entre carpetas viejas, títulos provisionales, blogs improbables y conversaciones que habían empezado hablando de una cosa y terminaron hablando de otra.

Como ocurre con casi todo lo importante.

La Analía sin número no parecía preocupada.

Miraba los archivos dispersos como quien observa un paisaje conocido.

No intentaba clasificarlos.

Ni corregirlos.

Ni justificar su existencia.

Los reconocía.

Nada más.

Como si cada fragmento hubiera estado esperándola.

Una fotografía.

Un collage.

Un rezagado rescatado a último momento.

Una frase encontrada por accidente.

Una emoción escondida detrás de una carcajada.

La mujer despeinada aparecía una vez más.

Sentada frente a una pantalla.

Convencida de que estaba ordenando archivos.

Cuando en realidad estaba reuniendo pedazos de sí misma.

Pero aquella noche ocurrió algo extraño.

Por primera vez no quiso guardar el hallazgo.

Ni archivarlo.

Ni ponerle una etiqueta.

Ni siquiera asignarle un número.

Se limitó a sentarse un rato junto a él.

Como quien acompaña a un visitante inesperado.

Y entonces comprendió algo.

Las cosas que más la habían acompañado en la vida nunca llegaron porque las llamó.

Llegaron porque encontraron una puerta abierta.

Los blogs.

Los garabatos.

Las palabras.

Los rezagados.

Las versiones antiguas de sí misma.

Las nuevas.

Las que todavía no tenían nombre.

Todas habían aparecido de la misma manera.

Sin permiso.

Sin anuncio.

Sin plan.

Como aparecen las cosas que realmente desean quedarse.

Por eso esta entrada no tiene conclusión.

Las conclusiones sirven para cerrar asuntos.

Y este asunto recién empieza.

En alguna parte, una Analía todavía sin número está preparando una carpeta.

Y sospecho que dentro de ella ya hay algo esperándola.











“Última sincronización incompleta.”


No sé cuántas Analías existen.

Tampoco sé en qué momento empiezan a multiplicarse.

Uno cree que vive una sola vida y después abre una carpeta vieja, encuentra un texto olvidado, una fotografía sin contexto o una idea abandonada a mitad de camino, y descubre que no era tan simple.

Algunas versiones guardaban cosas inútiles con entusiasmo.

Otras aprendían a perder sin hacer demasiado ruido.

Otras intentaban ordenar el mundo mientras el mundo seguía desordenándose con admirable perseverancia.

Ninguna desapareció del todo.

Quedaron dispersas entre archivos, imágenes, borradores y pequeñas decisiones que parecían insignificantes en su momento.

Las entradas que siguen no intentan reconstruir una biografía.

Son apenas notas encontradas entre carpetas, versiones y otros desórdenes.

Fragmentos de distintas Analías.

O quizá de la misma.

Ya no estoy tan segura.

Si llegaste hasta aquí buscando algo concreto, lamento informar que probablemente te hayas equivocado de carpeta.

Pero si alguna vez abriste un archivo antiguo y te encontraste a vos mismo esperándote del otro lado, entonces estás exactamente donde corresponde.

Versiones encontradas hasta el momento:


analía4
Todavía guardaba cosas con entusiasmo.



analía5
El lugar tibio que deja un gato.



analía27
Reuniendo pedazos de sí misma.


✦La trilogía de las Analía 48

analía48: REGISTRA
Primera aparición del archivo.



analía48-1: DUDA
Esta copia contiene diferencias mínimas.


analía48-2: SOSPECHA.
El archivo seguía modificándose solo.




analía98
Archivo de las Cosas que No Pasaron.



Analía sin número
Cosas que aparecen sin haber sido llamadas.



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